sábado, 28 de octubre de 2017


             
              SOLEDAD

Abrazada a la cruz está María.

Del horizonte al impoluto rojo

le sucede veloz  gigante ojo

de negra y misteriosa noche fría.

El disco de la luna se dormía

oculto tras las nubes del enojo

de un inconsciente pueblo, vil manojo

pasto del fuego que en su pecho ardía…

No existen lazarillos resplandores

que iluminen al hombre caminante

por la senda oscura de la vida;

ni las voces alertas de pastores,

 ni la mirada de un lucero errante…

solo la Madre de dolor transida.

                                                 P. José Miguel Fernández

                                                                    Barajas

1 comentario:

  1. Yo también tengo por costumbre abrazarme a mi Madre, solicitarle ayuda y consejo, pero a veces parece está algo distraída. Porque aunque ahora existen luces de bajo consumo, todo está bastante oscuro, pero le sigo insistiendo aunque flaquee y mucho. Buen domingo.

    ResponderEliminar